1. Conceptos básicos y paso a través de membranas
Conceptos básicos de farmacocinética
La farmacocinética es la
disciplina farmacológica que estudia el movimiento y la distribución de los
medicamentos a través del organismo. Engloba una secuencia de procesos conocida
clásicamente por el acrónimo LADME: Liberación (desde su forma
farmacéutica), Absorción, Distribución, Metabolismo y Eliminación
(o excreción).
Tras ser administrado, un fármaco
debe absorberse y acceder a la circulación sistémica para distribuirse hasta su
sitio de acción, donde finalmente será transformado y expulsado. Aunque la gran
mayoría de los fármacos se administran en su forma activa, existen los llamados
"profármacos", sustancias que ingresan inactivas y dependen
del metabolismo del propio cuerpo para convertirse en agentes
farmacológicamente activos.
Estructura de las membranas biológicas
Para que los procesos
farmacocinéticos se lleven a cabo, los medicamentos deben atravesar
continuamente membranas biológicas. Estas membranas están formadas por una
bicapa lipídica que es fuertemente hidrofóbica (rechaza el agua). Se componen
fundamentalmente de fosfolípidos —cuyas cabezas polares se orientan hacia los
bordes exterior e interior de la célula, y sus colas hidrófobas hacia el
centro— junto con proteínas integrales y moléculas de colesterol embebidas.
Esta arquitectura es la que determina qué sustancias pueden entrar o salir de
las células.
Mecanismos de paso a través de las membranas
Debido a la naturaleza lipídica
de las membranas, no cualquier molécula puede cruzarlas libremente. Los
fármacos utilizan diferentes mecanismos:
- Difusión simple: Es la vía principal y más
común. Las moléculas apolares (sin carga eléctrica), de bajo peso
molecular y con una alta solubilidad lipídica (lipofilia) logran
disolverse en la membrana y atravesarla fácilmente a favor de un gradiente
de concentración (de un sitio donde hay mucho fármaco a uno donde hay
menos). Este proceso no consume energía celular.
- Filtración a través de poros (canales acuosos):
Las membranas cuentan con poros hidrófilos muy pequeños (de unos 0,4
nanómetros o 4 Å de diámetro en la mayoría de las células, aunque en los
endotelios de los capilares sanguíneos son más grandes, rondando los 40
Å). A través de ellos solo logran filtrarse moléculas diminutas que sean
neutras o posean carga negativa, impulsadas por la presión hidrostática u
osmótica.
- Difusión facilitada: Para sustancias que no
pueden disolverse en lípidos, existen proteínas transportadoras
específicas en la membrana que se unen al fármaco y lo trasladan al otro
lado. Es un transporte a favor del gradiente (no gasta energía), pero es
limitante: puede saturarse si hay demasiadas moléculas y es susceptible a
la competencia entre fármacos parecidos.
- Transporte activo: Utiliza moléculas
transportadoras que mueven al fármaco en contra de su gradiente de
concentración (de un lugar de menor a mayor concentración). Este proceso
consume energía (como la hidrólisis de ATP). Es selectivo, saturable y
fundamental en zonas como los túbulos renales, las vías biliares y la
barrera hematoencefálica del cerebro.
- Endocitosis y exocitosis: Las macromoléculas
muy grandes (como polipéptidos de más de 25.000 daltons) no caben por los
poros ni difunden. Para entrar, la célula invagina su propia membrana
englobando el fármaco en una vacuola (endocitosis); para salir, las
vesículas internas se fusionan con la membrana celular para liberar su
contenido al exterior (exocitosis).
Influencia del pH y la ionización
La inmensa mayoría de los
medicamentos se comportan como ácidos o bases débiles. En los fluidos
corporales, estas moléculas pueden existir en dos estados: una forma
ionizada (con carga eléctrica, polar y soluble en agua) que es incapaz de
atravesar la membrana lipídica, y una forma no ionizada (sin carga y
altamente liposoluble) que difunde con total libertad.
El hecho de que un fármaco
adquiera una forma u otra depende de tres factores: su naturaleza (si es ácido
o base), su constante de disociación (pKa) y el pH del fluido en el que se
encuentre (principios descritos por la ecuación de Henderson-Hasselbalch). Si
el pKa de un fármaco y el pH del medio son idénticos, la molécula se encontrará
ionizada exactamente al 50%.
Como regla general, un fármaco de
carácter ácido (como el ácido acetilsalicílico) permanecerá predominantemente
en su forma no ionizada en medios muy ácidos, como el estómago (pH 1.0 - 3.0),
absorbiéndose allí con facilidad. Sin embargo, al cruzar la barrera y entrar en
el plasma sanguíneo (pH cercano a 7.4), el fármaco pierde su equilibrio, se
ioniza masivamente y queda "atrapado" en la sangre sin poder
retroceder al estómago. Por el contrario, los fármacos de carácter básico
encuentran enormes dificultades para absorberse en entornos ácidos, y su
absorción principal ocurre cuando llegan al entorno más alcalino del intestino.
2. Absorción y vías de administración
Concepto de absorción y biodisponibilidad
La absorción es el proceso
mediante el cual un fármaco penetra desde su lugar de administración (el
exterior) hasta la circulación sistémica (el medio interno). La eficacia de
este proceso se cuantifica mediante la biodisponibilidad (F), que es la
fracción de la dosis administrada que logra llegar inalterada a la circulación
general. La biodisponibilidad se valora midiendo el Área Bajo la Curva (AUC,
por sus siglas en inglés) de las concentraciones plasmáticas del fármaco en
función del tiempo.
Cuando un fármaco se inyecta por
vía intravenosa, su biodisponibilidad es del 100%. Sin embargo, por otras vías
(especialmente la oral), esta fracción suele ser menor debido a factores como
una absorción incompleta, baja solubilidad, transporte de eflujo o destrucción
enzimática. Un factor determinante en la pérdida de biodisponibilidad es el efecto
de primer paso hepático: los fármacos absorbidos en el tracto
gastrointestinal son transportados por la vena porta directamente al hígado,
donde pueden sufrir una biotransformación masiva antes de alcanzar la
circulación sistémica. Fármacos como la lidocaína tienen un efecto de primer
paso tan drástico que resultan ineficaces si se administran por vía oral.
Para que los fármacos alcancen su
lugar de acción, deben introducirse en el organismo a través de diversas vías
de administración, las cuales se dividen en dos grandes grupos: mediatas
(indirectas) e inmediatas (directas o parenterales).
Vías mediatas o indirectas
Estas vías utilizan las barreras epiteliales naturales (piel y mucosas) para
que el fármaco difunda hacia la sangre.
- Vía oral: Es la vía más conveniente, segura
y popular. La mayor parte de la absorción se produce en el intestino
delgado debido a su enorme superficie de vellosidades y gran
vascularización (las bases débiles se absorben aquí de forma óptima). Sin
embargo, presenta desventajas: la posible degradación del fármaco por la
acidez gástrica o las enzimas digestivas, la interferencia con alimentos,
las variaciones en el tiempo de vaciado gástrico y, fundamentalmente, la
sumisión al efecto de primer paso hepático.
- Vía bucal y sublingual: El fármaco se coloca
bajo la lengua o en la mejilla. La mucosa bucal está muy vascularizada y,
lo más importante, su sistema venoso drena en la vena cava superior (y no
en la porta). Esto permite que el fármaco eluda por completo el paso por
el hígado y la inactivación gastrointestinal. Es ideal para sustancias muy
liposolubles que requieren acción rápida (ej. nitroglicerina).
- Vía rectal: Utilizada mediante supositorios
o enemas, la absorción por esta vía es más irregular e incompleta. Tiene
la ventaja de eludir parcialmente el efecto de primer paso hepático, ya
que las venas hemorroidales inferiores y medias desembocan directamente en
la vena cava, aunque las superiores sí drenan en la porta. Es muy útil en
pacientes inconscientes, en niños, o para fármacos que irritan la mucosa
gástrica o tienen mal sabor.
- Vía respiratoria (pulmonar): Aprovecha la
inmensa superficie de la mucosa traqueal, bronquial y alveolar (80-200 m²)
para una absorción rapidísima de gases, líquidos volátiles (anestésicos) y
aerosoles.
- Vía dérmica o cutánea: Aunque la queratina
de la piel dificulta la absorción, los fármacos altamente liposolubles
pueden atravesarla. En la actualidad, el uso de parches transdérmicos
permite una absorción lenta, sostenida y sistémica de fármacos (ej.
nicotina, estrógenos), evitando fluctuaciones en la sangre y el primer
paso hepático.
- Otras mucosas: Las vías genitourinaria
(vaginal, uretral) y conjuntival (ocular) se usan predominantemente para
efectos locales, aunque pueden presentar absorción sistémica.
Vías inmediatas, directas o parenterales
Requieren la efracción (ruptura)
de la piel o las mucosas mediante una aguja. Aseguran que el fármaco llegue
intacto y de forma regular, siendo indispensables en urgencias o para
principios activos que se destruyen en el intestino. Sus desventajas radican en
el dolor, el riesgo de infecciones, la necesidad de personal entrenado y la
dificultad para retirar el fármaco en caso de sobredosis.
- Vía intravenosa (IV): El fármaco se
introduce directamente en el torrente sanguíneo. No hay fase de absorción
y el efecto es casi instantáneo. Permite un control riguroso de los
niveles plasmáticos mediante infusión continua. Sin embargo, tiene un alto
riesgo de reacciones anafilácticas graves o embolias (jamás deben
inyectarse suspensiones insolubles o soluciones oleosas por esta vía).
- Vía intramuscular (IM): El líquido se
disemina entre las fibras musculares. La absorción es rápida (10-30
minutos) debido a la rica vascularización del músculo. Es útil para
fármacos que se degradan por vía oral o que tienen un fuerte primer paso
hepático. Permite administrar vehículos oleosos o formas de depósito
(liberación prolongada).
- Vía subcutánea (SC): Se inyecta bajo la
piel. El flujo sanguíneo aquí es menor que en el músculo, por lo que la
absorción es más lenta pero muy constante (ideal para insulina o
heparina).
- Otras vías parenterales: Destaca la vía
intratecal o intrarraquídea, donde el fármaco se inyecta directamente en
el líquido cefalorraquídeo mediante punción lumbar; se usa para saltar la
barrera hematoencefálica. También existen la vía intradérmica (para fines
diagnósticos), intraarterial, intraarticular e intraósea.
Cinética de absorción
La velocidad a la que un fármaco
entra en la circulación sistémica se define mediante modelos cinéticos. La
mayoría de los fármacos siguen una cinética de primer orden, donde la
velocidad de absorción es proporcional a la cantidad de fármaco que queda por
absorberse (tiene una semivida de absorción constante). Sin embargo, cuando se
saturan los mecanismos de transporte celular, o cuando se administran formas
farmacéuticas de liberación controlada (como parches o bombas de infusión), el
proceso sigue una cinética de orden cero, en la cual la cantidad de
fármaco absorbida por unidad de tiempo es constante e independiente de la
concentración.
3. Distribución, compartimentos y unión a proteínas
Concepto general de distribución
Una vez que el fármaco alcanza la
circulación sistémica (o tras su inyección intravenosa), debe viajar a través
del torrente sanguíneo para penetrar en los tejidos y llegar a su sitio de
acción (biofase). La velocidad y la cantidad de fármaco que llega a los
distintos órganos dependen fundamentalmente del flujo sanguíneo regional
(perfusión). Los tejidos altamente irrigados, como el corazón, el cerebro, el
hígado y los riñones, reciben el fármaco muy rápidamente. Por el contrario,
tejidos menos perfundidos, como el músculo esquelético, la piel y,
especialmente, el tejido adiposo, tardan más en recibirlo.
Transporte en sangre y unión a proteínas
plasmáticas
En la sangre, las moléculas de
los fármacos pueden viajar de dos formas: disueltas libremente en el agua del
plasma o unidas reversiblemente a elementos sanguíneos, sobre todo a las
proteínas plasmáticas.
- Albúmina: Es la proteína más abundante y la
principal responsable de fijar fármacos, especialmente los de naturaleza
ácida (como la warfarina o los salicilatos). Posee múltiples sitios de
unión (sitio I y sitio II) con gran capacidad.
- Alfa-1-glucoproteína ácida y lipoproteínas:
Son las encargadas principales de unirse a los fármacos de naturaleza
básica (como el diazepam o la lidocaína). La alfa-1-glucoproteína ácida se
encuentra en menor cantidad que la albúmina, pero sus niveles pueden
dispararse ante enfermedades agudas o procesos inflamatorios.
El concepto clínico clave aquí es
la fracción libre. Solo el fármaco libre (no unido a proteínas) es
farmacológicamente activo, ya que es el único con el tamaño adecuado para
atravesar el endotelio capilar, llegar a los tejidos diana, ser metabolizado
por el hígado o filtrado por los riñones. La fracción unida a las proteínas
actúa como un "reservorio" circulante: a medida que el fármaco libre
abandona la sangre, el fármaco unido se va liberando progresivamente para
mantener el equilibrio. Dado que la unión a proteínas es inespecífica, varios fármacos
pueden competir por el mismo sitio de unión en la albúmina. Si un fármaco
desplaza a otro, aumentará bruscamente la fracción libre del segundo, lo que
puede desencadenar una severa toxicidad.
Acceso a tejidos y barreras biológicas
La permeabilidad de los capilares
varía drásticamente según el órgano, existiendo barreras especializadas que
restringen el paso de los fármacos:
- Barrera Hematoencefálica (BHE): Protege al
Sistema Nervioso Central (SNC). A diferencia de los capilares del resto
del cuerpo (que tienen pequeños poros o fenestraciones), los capilares
cerebrales presentan "uniones estrechas" que sellan el espacio
intercelular. Además, están recubiertos por una membrana basal y por una
capa casi continua de células gliales (astrocitos). Como resultado, los
fármacos deben atravesar membranas lipídicas sólidas para entrar al
cerebro. Solo los compuestos altamente liposolubles pueden cruzarla por
difusión pasiva. En recién nacidos, en ancianos o durante inflamaciones
severas (como la meningitis), la BHE puede volverse más permeable,
permitiendo el paso de fármacos que normalmente no entrarían (como la
penicilina).
- Barrera placentaria: A diferencia de la BHE,
la placenta no es una barrera estricta. La mayoría de los fármacos
administrados a la madre cruzan a la circulación fetal por difusión
simple, impulsados por su liposolubilidad. Dado que la sangre fetal es
ligeramente más ácida que la materna, los fármacos básicos tienden a
ionizarse y acumularse en el feto. Durante el primer trimestre, el paso de
fármacos puede interferir con la organogénesis (efectos teratógenos),
mientras que en etapas más avanzadas suele causar alteraciones funcionales.
Acumulación tisular y redistribución
Algunos fármacos tienen una gran
afinidad por tejidos específicos que actúan como "depósitos" (ej. las
tetraciclinas en los huesos, o fármacos muy lipofílicos en la grasa neutra). Un
fenómeno vital es la redistribución: un fármaco muy liposoluble (como el
anestésico tiopental) llega rápido al cerebro (muy irrigado) produciendo un
efecto instantáneo, pero rápidamente abandona el cerebro para redistribuirse
hacia la grasa y el músculo (menos irrigados), finalizando su efecto clínico
mucho antes de ser eliminado del cuerpo.
Cinética de distribución: Compartimentos y Volumen
Aparente (Vd)
Para entender matemáticamente la
distribución, la farmacocinética divide el cuerpo en modelos de
"compartimentos" (territorios donde el fármaco difunde de manera
uniforme). El modelo más habitual es el bicompartimental, que divide el
cuerpo en un compartimento central (plasma y órganos muy irrigados) y un
compartimento periférico (tejidos de menor irrigación).
Para cuantificar esta dispersión
se utiliza el Volumen aparente de distribución (Vd). No es un volumen
anatómico real, sino un parámetro teórico: es el volumen de líquido que se
necesitaría para contener toda la dosis de un fármaco a la misma concentración
a la que se encuentra en el plasma sanguíneo (Vd = Dosis / Concentración
plasmática).
- Vd bajo (ej. 3-10 litros): Indica que el
fármaco está retenido en la sangre, usualmente porque se une fuertemente a
proteínas plasmáticas o porque es muy hidrosoluble y no puede cruzar
membranas.
- Vd alto (ej. cientos o miles de litros): Indica
que el fármaco abandona masivamente el plasma y se acumula fuertemente en
los tejidos (ej. cloroquina).
El Vd es un parámetro clínico
fundamental, ya que nos permite calcular la "dosis de carga"
necesaria para alcanzar instantáneamente concentraciones terapéuticas en
situaciones de urgencia.
4. Metabolismo o biotransformación
Concepto y función del metabolismo
La biotransformación o
metabolismo es el proceso mediante el cual el organismo altera químicamente los
fármacos para facilitar su expulsión. Aunque algunos medicamentos se eliminan
intactos, la gran mayoría son sustancias altamente liposolubles que, de no ser
transformadas, serían reabsorbidas continuamente en los riñones y permanecerían
en el cuerpo de forma indefinida. El objetivo del metabolismo es convertir
estos compuestos lipofílicos en metabolitos más polares y solubles en agua.
Aunque el hígado es el órgano metabólico por excelencia, estas reacciones
también pueden ocurrir en los pulmones, los riñones, la mucosa del tracto
gastrointestinal, la placenta e incluso por acción de la microbiota intestinal.
Es importante destacar que el
metabolismo no siempre implica "inactivación". Existen tres
escenarios clínicos:
- El fármaco activo se transforma en un metabolito
inactivo (lo más habitual).
- El fármaco activo se transforma en un metabolito
igualmente activo o con propiedades diferentes (ej. el diazepam, cuyo
metabolito activo tiene una vida media que duplica la del fármaco
original, prolongando drásticamente su efecto).
- El fármaco se administra de forma inactiva
(profármaco) y es el propio metabolismo el que lo transforma en su versión
farmacológicamente activa en el cuerpo.
El proceso metabólico se divide
clásicamente en dos fases secuenciales: Fase I y Fase II.
Reacciones de Fase I (No sintéticas)
Su objetivo es crear o
desenmascarar un grupo químico polar en la molécula del fármaco. Incluyen
reacciones de oxidación, reducción e hidrólisis.
- Sistema microsomal (Oxidación): La gran
mayoría de los fármacos sufren oxidación mediante un sistema de enzimas
ancladas en el retículo endoplasmático liso de las células hepáticas. Este
sistema se conoce como oxidasas de función mixta, siendo la enzima clave
una hemoproteína llamada Citocromo P450 (CYP450). Esta superfamilia
de enzimas captura oxígeno molecular y oxida al fármaco, requiriendo
transportadores de electrones. En el ser humano existen múltiples familias
de citocromos, pero las familias CYP1, CYP2 y CYP3 (y más específicamente
las isoformas CYP3A4 y CYP2D6) son las responsables del metabolismo de la
inmensa mayoría de los medicamentos clínicos.
- Sistemas no microsomales: Aportan vías
alternativas de Fase I. Incluyen enzimas ubicadas en el plasma sanguíneo
(como las esterasas, que hidrolizan fármacos de forma rapidísima en la
propia sangre), en el citosol (como la alcohol-deshidrogenasa) o en las
mitocondrias (como las monoaminooxidasas o MAO, vitales para degradar
neurotransmisores y fármacos amínicos).
Reacciones de Fase II (Sintéticas o de conjugación)
Si el metabolito resultante de la
Fase I aún no es lo suficientemente hidrosoluble, pasa a la Fase II. Aquí, el
fármaco se "conjuga" o acopla mediante enlaces químicos fuertes con
una molécula endógena del propio cuerpo (como el ácido glucurónico, acetato,
sulfato, glicina o glutatión). Este proceso requiere un alto consumo de energía
celular. La glucuronoconjugación es la vía más frecuente y la única que ocurre
en el sistema microsomal; el resto de las conjugaciones suceden en otros
componentes celulares. Tras la Fase II, el complejo resultante es casi siempre
inactivo, de gran tamaño y extremadamente soluble en agua, ideal para ser
excretado por la bilis o la orina.
Bioactivación y toxicidad
En ocasiones, la Fase I genera
metabolitos intermedios altamente inestables y reactivos (como epóxidos o
radicales libres) que pueden unirse a las proteínas de la célula o al ADN,
causando toxicidad celular grave. Para neutralizar estos "tóxicos",
el cuerpo utiliza ciertas reacciones de Fase II, destacando la conjugación con glutatión,
el cual actúa como un potente antioxidante y "basurero" celular. Si
hay una sobredosis de un fármaco (como ocurre con el paracetamol) y se agotan
las reservas de glutatión, el metabolito reactivo de la Fase I destruirá el
tejido hepático.
Cinética del metabolismo y saturación enzimática
Las enzimas metabólicas siguen la
cinética de Michaelis-Menten. Habitualmente, las dosis de los medicamentos
producen concentraciones en sangre que están muy por debajo de la capacidad
máxima de saturación del hígado. En estas condiciones, el metabolismo sigue una
cinética de primer orden: a mayor cantidad de fármaco, mayor es la
velocidad a la que se destruye, eliminándose siempre una fracción constante por
unidad de tiempo.
Sin embargo, algunos fármacos
(como la aspirina, la fenitoína o el alcohol etílico) saturan rápidamente las
enzimas. Cuando esto ocurre, el metabolismo pasa a una cinética de orden
cero: la velocidad de eliminación se vuelve constante e independiente de la
concentración. Esto es clínicamente crítico, ya que cualquier pequeño aumento
en la dosis puede disparar los niveles en sangre y causar toxicidad severa, al
no poder el hígado acelerar su ritmo de trabajo.
Inducción e inhibición enzimática
La actividad del citocromo P450
es dinámica y puede ser alterada drásticamente, provocando interacciones
farmacológicas vitales:
- Inducción enzimática: Muchos fármacos (como
el fenobarbital) o sustancias químicas (como los hidrocarburos del humo
del tabaco o las carnes asadas al carbón) actúan como
"inductores". Al entrar al cuerpo, estimulan al hígado para que
fabrique más enzimas CYP450. Como resultado, el metabolismo se acelera,
destruyendo el fármaco de forma prematura y causando que el paciente
requiera dosis cada vez mayores para obtener el mismo efecto (tolerancia
farmacocinética).
- Inhibición enzimática: Ocurre cuando dos
sustancias compiten por la misma enzima, o cuando una sustancia bloquea
directamente al CYP450. Al estar bloqueado el sistema, el metabolismo se
frena. Esto eleva peligrosamente los niveles en sangre del fármaco
afectado. Un ejemplo clásico es el efecto del zumo de pomelo, que inhibe
selectivamente el CYP3A4 en el intestino, bloqueando el metabolismo de
primer paso de múltiples fármacos y disparando su absorción sistémica.
5. Eliminación y vías de excreción
Concepto de eliminación y aclaramiento
La eliminación engloba todos los
procesos mediante los cuales un fármaco y sus metabolitos son expulsados del
organismo, cesando así su efecto biológico. El parámetro farmacocinético
fundamental que cuantifica este proceso es el Aclaramiento o Depuración
(Clearance). Se define como el volumen de plasma sanguíneo que queda
totalmente libre (depurado) de un fármaco por unidad de tiempo (generalmente
expresado en mililitros por minuto). El aclaramiento corporal total de un
individuo es la suma matemática de los aclaramientos de los distintos órganos
depuradores (renal, hepático, pulmonar, etc.). Conocer este parámetro es vital
en la clínica, ya que dictamina la dosis de mantenimiento que un paciente
necesita para conservar niveles estables de fármaco en la sangre.
Las principales vías de excreción
son la renal (la más importante para la mayoría de los medicamentos), la
hepatobiliar y la pulmonar.
Excreción renal
El riñón es el órgano depurador
por excelencia, recibiendo el 25% del gasto cardíaco. El aclaramiento renal de
un fármaco es el resultado neto de tres procesos fisiológicos simultáneos que
ocurren en la nefrona:
- Filtración glomerular: Es un proceso
puramente pasivo a favor de un gradiente de presión. A medida que la
sangre pasa por los capilares del glomérulo, el agua plasmática se filtra
hacia la cápsula de Bowman a un ritmo de unos 125 ml/minuto en un adulto
sano. Por sus poros solo logran pasar moléculas de bajo peso molecular
(menores a 70.000 daltons o 15 Å). Es vital destacar que solo se filtra la
fracción "libre" del fármaco; las moléculas que viajan unidas a
proteínas plasmáticas (como la albúmina) son demasiado grandes y continúan
de largo por el torrente sanguíneo.
- Secreción tubular: Ocurre en el túbulo
proximal. A diferencia de la filtración, este es un proceso de transporte
activo que consume energía celular e involucra a proteínas transportadoras
inespecíficas integradas en la membrana (existen bombas distintas para
fármacos ácidos y básicos). Como es un proceso activo, tiene dos
características clave: puede secretar el fármaco hacia la orina en contra
de su gradiente de concentración, y es un mecanismo saturable. Además,
extrae el fármaco de la sangre tan rápido que "arranca" las moléculas
unidas a las proteínas plasmáticas, eliminando tanto la fracción libre
como la ligada. Distintos fármacos pueden competir por el mismo
transportador, lo que genera interacciones clínicas relevantes (ej. el
probenecid compite y bloquea la secreción de la penicilina, reteniendo
esta última en la sangre).
- Reabsorción tubular: A medida que el líquido
filtrado avanza por los túbulos proximal y distal, el fármaco puede ser
reabsorbido y devuelto a la circulación sistémica. Este proceso ocurre
mayoritariamente por difusión pasiva celular y está dictado por la
liposolubilidad del medicamento y, de forma crítica, por el pH de la
orina. Las membranas del túbulo actúan como barreras lipídicas que solo
dejan retroceder a la sangre a la fracción de fármaco no ionizada.
Manipulación del pH urinario (Atrapamiento iónico)
La dependencia del pH en la
reabsorción tubular tiene una aplicación espectacular en urgencias
toxicológicas. Si un paciente sufre una sobredosis de un fármaco ácido (como la
aspirina o un barbitúrico), los médicos pueden administrar bicarbonato sódico por
vía intravenosa para alcalinizar la orina. Al entrar en contacto con una orina
básica, las moléculas del fármaco ácido se ionizan bruscamente, adquiriendo
carga eléctrica. Al estar ionizadas, se vuelven incapaces de cruzar la membrana
del túbulo para reabsorberse, quedando "atrapadas" en la orina y
acelerando drásticamente su expulsión. De forma análoga, la acidificación de la
orina (con cloruro amónico) fuerza la eliminación de bases débiles, como las
anfetaminas.
Excreción hepatobiliar y circulación enterohepática
Es la segunda vía en importancia.
En el hígado, los fármacos de alto peso molecular y, muy especialmente, los
metabolitos conjugados durante la Fase II del metabolismo (ej. unidos a ácido
glucurónico), son bombeados de forma activa hacia la bilis en contra del
gradiente, para luego ser vertidos al intestino. Una vez en el intestino, una
parte se expulsará con las heces, pero otra gran parte puede sufrir el fenómeno
de circulación enterohepática. Las bacterias de la flora intestinal
poseen enzimas (como las beta-glucuronidasas) que "rompen" la
conjugación, liberando nuevamente el fármaco original en su forma liposoluble.
Este fármaco liberado se reabsorbe a través de la mucosa intestinal, viaja por
la vena porta y regresa al hígado y a la circulación sistémica. Este reciclaje
continuo retrasa la eliminación final del medicamento y prolonga su efecto en
el cuerpo.
Excreción pulmonar y vías menores
- Vía pulmonar: Es la vía principal y casi
exclusiva para la eliminación de gases y líquidos volátiles (como los
anestésicos generales). La excreción se rige por leyes físicas de los
gases (coeficiente de partición sangre/aire) y es rapidísima gracias a la
inmensa superficie alveolar (hasta 100 m²) y a su alta perfusión.
- Otras vías: La eliminación por la saliva, el
sudor o las lágrimas se da por difusión pasiva simple y es
cuantitativamente despreciable, aunque la saliva puede usarse clínicamente
para medir los niveles de fármaco libre sin necesidad de extraer sangre.
- Leche materna: Aunque la cantidad de fármaco
excretado es pequeña, su relevancia clínica es enorme. La leche materna es
ligeramente más ácida que el plasma sanguíneo. Debido al atrapamiento
iónico, las bases débiles administradas a la madre sufren una mayor
ionización al cruzar hacia la glándula mamaria, quedando secuestradas y
acumuladas en la leche, lo que representa un claro riesgo de toxicidad
para el lactante (ej. nicotina, morfina, antibióticos a altas dosis).
La edad y las patologías en la eliminación
La depuración de fármacos no es
constante. Los recién nacidos y prematuros presentan una notable inmadurez
anatómica y funcional tanto en la filtración glomerular como en la secreción
tubular. Por el otro extremo, el envejecimiento se asocia a un deterioro
fisiológico de la masa renal, cayendo la tasa de filtración glomerular hasta un
30% a los 65 años. Todo paciente con insuficiencia renal o paciente anciano
requerirá un reajuste y reducción estricta de las dosis (generalmente
calculando su Aclaramiento de Creatinina) para evitar la acumulación tóxica en
el plasma. Por último, en caso de fallo orgánico, la hemodiálisis puede actuar
como un mecanismo de excreción artificial, siempre que el fármaco sea de bajo
peso molecular, baja fijación a proteínas y bajo volumen de distribución.
6. Parámetros farmacocinéticos y dosificación
clínica
Concepto y utilidad clínica
El objetivo final de la
farmacoterapia es alcanzar y mantener una concentración plasmática del fármaco
que sea efectiva (por encima de la Concentración Mínima Eficaz, CME) sin
llegar a ser tóxica (por debajo de la Concentración Mínima Tóxica, CMT).
Para diseñar pautas de dosificación precisas o ajustar las ya existentes, la
clínica se basa en cuatro parámetros farmacocinéticos fundamentales que se
calculan a partir de la curva de concentraciones plasmáticas en el tiempo:
Volumen de distribución, Aclaramiento, Semivida y Biodisponibilidad.
Volumen Aparente de Distribución (Vd)
Es un parámetro numérico e
hipotético. Se define como el volumen de líquido en el que tendría que
disolverse la cantidad total de fármaco administrado para alcanzar exactamente
la misma concentración que tiene en el plasma sanguíneo (Vd = Dosis /
Concentración plasmática inicial). No representa un espacio anatómico real,
sino que es un indicador de cómo se reparte el fármaco entre la sangre y los
tejidos:
- Vd bajo (ej. warfarina, 2-10 L): Indica que
el fármaco está fuertemente unido a proteínas plasmáticas (albúmina) y
apenas sale del torrente sanguíneo.
- Vd alto (ej. cloroquina, hasta 40.000 L):
Supera con creces el volumen total de agua corporal (unos 42 L en un
adulto). Indica que el fármaco se une fuertemente a los tejidos
periféricos y "desaparece" del plasma.
Utilidad clínica: El Vd es
el parámetro clave para calcular la Dosis de Carga (Dosis de carga =
Concentración estable objetivo × Vd). Esta dosis única y alta se inyecta en
situaciones de urgencia para inundar los depósitos tisulares y alcanzar
instantáneamente niveles terapéuticos en sangre, sin tener que esperar días a
que el fármaco se acumule gradualmente.
Aclaramiento, Depuración o Clearance (CL)
Es el parámetro farmacocinético
más importante. Se define como el volumen de plasma sanguíneo que queda
totalmente libre de fármaco por unidad de tiempo (ej. ml/minuto). Es un
parámetro independiente que evalúa la eficiencia fisiológica del cuerpo para expulsar
el fármaco. El aclaramiento corporal total es la suma de los aclaramientos de
cada órgano (renal + hepático + pulmonar, etc.).
- Aclaramiento hepático: Depende del flujo
sanguíneo hepático (Q) y del Índice de Extracción (E), que es la fracción
de fármaco destruida en un solo paso por el hígado.
Utilidad clínica: El
aclaramiento dicta la Dosis de Mantenimiento. Para que la concentración
de un fármaco se mantenga estable en el tiempo (estado estacionario), la
velocidad a la que el fármaco entra en el cuerpo debe ser exactamente igual a
la velocidad a la que se elimina. (Dosis de mantenimiento = Concentración
objetivo × Aclaramiento).
Semivida de Eliminación o Vida Media (t1/2)
Es el tiempo que tarda la
concentración plasmática de un fármaco en reducirse exactamente a la mitad. A
diferencia del Vd y el CL, la semivida es un parámetro dependiente (t1/2 =
0,693 × Vd / CL). Si un fármaco tiene un Vd muy grande (está escondido en
los tejidos), su eliminación será lenta y su semivida larga.
Utilidad clínica: La
semivida determina cuánto tiempo tarda un paciente en alcanzar el estado
estacionario (meseta de concentración) cuando toma una medicación continua.
Regla de oro: se necesitan aproximadamente 5 semividas para alcanzar el
95% del estado estacionario. Igualmente, al suspender la medicación, el cuerpo
tardará unas 5 semividas en limpiarse por completo.
Biodisponibilidad (F) y efecto de primer paso
La biodisponibilidad es la
fracción de la dosis administrada que llega intacta a la circulación sistémica.
Por vía intravenosa, F es del 100%. Por vía oral, F disminuye debido a la
incompleta absorción intestinal y al efecto de primer paso hepático (destrucción
metabólica prematura en el hígado antes de llegar a la sangre venosa
sistémica). Se calcula midiendo el Área Bajo la Curva (AUC) de los niveles
plasmáticos. Fármacos como la lidocaína tienen un primer paso tan alto que su
biodisponibilidad oral es casi nula.
Cinética y pautas de dosificación múltiple
La mayoría de los tratamientos
requieren múltiples dosis para mantener los efectos.
- Infusión IV continua: El nivel sube
suavemente hasta alcanzar la meseta.
- Dosificación múltiple discreta (pastillas): Se
administra una dosis fija separada por un intervalo de tiempo (T). En cada
intervalo, el nivel en sangre sube y baja en forma de "dientes de
sierra". Si el intervalo T es más corto que la semivida del fármaco,
la siguiente pastilla se toma antes de que la anterior se haya eliminado
del todo; esto genera acumulación progresiva hasta que la entrada y salida
se igualan (estado estacionario). La elección del intervalo (ej. cada 8,
12 o 24 horas) busca evitar fluctuaciones tóxicas extremas y asegurar el
cumplimiento del paciente.
Cinética lineal vs. no lineal
- Cinética de primer orden (lineal): Seguida
por la gran mayoría de los fármacos. La velocidad de eliminación es
proporcional a la concentración; a mayor cantidad de fármaco en sangre,
más rápido trabajan los órganos depuradores (se elimina una fracción
constante por unidad de tiempo).
- Cinética de orden cero (no lineal o saturable):
Ocurre cuando se saturan las enzimas metabólicas (ej. etanol, fenitoína, o
altas dosis de aspirina). La velocidad de eliminación se estanca en un
nivel máximo (Vmax). Se elimina una cantidad constante de fármaco por
unidad de tiempo, con independencia de la dosis. Esto es muy peligroso, ya
que un pequeño aumento en la dosis puede disparar los niveles plasmáticos
hacia la toxicidad.
7. Factores que alteran la farmacocinética
(genética, edad y patologías)
Introducción a la variabilidad individual
La respuesta de un organismo a un
medicamento rara vez es idéntica a la de otro individuo. Para que un fármaco
alcance su concentración objetivo de manera segura, el diseño de la pauta de
dosificación debe adaptarse a las variaciones en los procesos de absorción,
distribución, metabolismo y excreción. Estas alteraciones están dictadas por
una compleja interacción de factores fisiológicos, genéticos, dietéticos,
farmacológicos y patológicos.
Factores fisiológicos: los extremos de la vida y el
embarazo
Las etapas de la vida presentan
desafíos farmacocinéticos únicos debido a los profundos cambios en la
composición corporal y la madurez orgánica:
- Recién nacidos y prematuros: Presentan un pH
gástrico más elevado, un vaciamiento gástrico prolongado y una proporción
de agua corporal mucho mayor en contraste con su bajo tejido adiposo. Esto
altera el Volumen de Distribución (Vd), aumentándolo para los fármacos
hidrosolubles y reduciéndolo para los liposolubles. Además, presentan una
grave inmadurez en sus sistemas enzimáticos hepáticos y en la filtración
glomerular. Un ejemplo clásico de esta inmadurez metabólica es el
"Síndrome gris del recién nacido", una intoxicación grave por el
antibiótico cloranfenicol debido al déficit natural de la enzima
glucuroniltransferasa a esa edad.
- Ancianos (tercera edad): El envejecimiento
provoca una disminución fisiológica del gasto cardíaco, del flujo
sanguíneo hepático (que cae hasta un 40-45% a los 65 años) y de la función
renal. La masa magra y el agua corporal disminuyen (10-15%), mientras que
el tejido adiposo aumenta. Como resultado, fármacos muy liposolubles (como
el diazepam) aumentan su Vd y se acumulan, mientras que los hidrosolubles
(como el etanol o la digoxina) reducen su Vd, alcanzando niveles
plasmáticos más altos con dosis menores. Además, los ancianos sufren una
alteración en sus mecanismos homeostáticos, como una menor sensibilidad de
los barorreceptores, lo que los predispone a sufrir hipotensión
ortostática severa con ciertos fármacos antihipertensivos o
antidepresivos.
- Embarazo: Se produce un incremento drástico
del gasto cardíaco y del volumen plasmático (aumenta más del 40%), lo que
genera un "efecto de dilución" que eleva el Vd y disminuye las
concentraciones del fármaco en sangre. Paralelamente, los niveles de albúmina
y alfa-1-glucoproteína ácida caen, disminuyendo la unión a proteínas y
aumentando peligrosamente la fracción "libre" (activa) de los
medicamentos circulantes.
Factores genéticos y étnicos (Farmacogenómica)
La farmacogenómica estudia cómo
las mutaciones en los genes de un individuo alteran la síntesis de enzimas y,
por ende, su respuesta a los medicamentos (idiosincrasia genética o
polimorfismo). Este tema requerirá un desarrollo más específico posterior.
Factores dietéticos y hábitos de vida
La nutrición influye fuertemente
en el metabolismo microsomal hepático:
- Las dietas hiperproteicas aceleran la oxidación de
fármacos, mientras que un exceso de carbohidratos la frena.
- El consumo de carnes asadas al carbón genera
hidrocarburos aromáticos policíclicos que actúan como potentes inductores
enzimáticos. El humo del tabaco produce un efecto inductor similar,
acelerando la destrucción de ciertos fármacos.
- El zumo de pomelo actúa como un potente inhibidor
del citocromo CYP3A4 en el intestino. Al tomarlo, se anula el efecto de
primer paso intestinal, disparando de forma masiva y tóxica la
biodisponibilidad de múltiples medicamentos a la sangre.
Factores farmacológicos (Interacciones)
Cuando se administran múltiples
fármacos, pueden alterarse mutuamente:
- Inducción enzimática: Sustancias (como el
fenobarbital) estimulan al hígado para que fabrique más enzimas P450. Esto
provoca tolerancia (el fármaco inductor y otros se destruyen más rápido,
requiriendo más dosis) o, si el metabolito resultante es dañino, un
aumento de la toxicidad.
- Inhibición enzimática: Dos fármacos compiten
por la misma enzima. El fármaco que pierde la competición dejará de
metabolizarse, alargando su semivida y elevando sus niveles plasmáticos
hacia rangos tóxicos.
Factores patológicos
La enfermedad subyacente
condiciona la terapia. La existencia de múltiples patologías crónicas
(diabetes, artritis, enfermedades coronarias), sumada a la polifarmacia,
dispara la incidencia de reacciones adversas severas.
8. Farmacocinética de los fármacos biológicos
Diferencias con las moléculas pequeñas
Los fármacos biológicos
terapéuticos, cuyo máximo exponente en la actualidad son los anticuerpos
monoclonales (AcM), han experimentado un crecimiento clínico exponencial,
especialmente en el campo de la oncología. Sin embargo, los principios
farmacocinéticos clásicos que rigen a los medicamentos tradicionales (moléculas
pequeñas) no se aplican de la misma manera a estos compuestos debido a su
inmensa complejidad estructural. A diferencia de los fármacos clásicos, la gran
mayoría de los productos biológicos requieren ser administrados mediante vía
intravenosa, ya que su tamaño y naturaleza peptídica impiden su absorción
gastrointestinal.
Distribución y el papel del receptor FcRn
El peso molecular es el principal
factor limitante en la cinética de los anticuerpos monoclonales. Con un peso
aproximado de 150 kilodaltons (kDa), estas moléculas son sencillamente
demasiado gigantescas para atravesar las membranas endoteliales vasculares
mediante difusión pasiva directa. Esto restringe enormemente su distribución
tisular. Además, este inmenso tamaño impide por completo que sean filtrados por
los glomérulos renales, descartando la vía urinaria como mecanismo de
eliminación. Para lograr distribuirse por los tejidos y regular su depuración,
los anticuerpos monoclonales dependen de sistemas de transporte activo mediados
por receptores especializados, destacando el receptor FcRn (un receptor
estrechamente relacionado con el complejo mayor de histocompatibilidad de clase
I), el cual rescata a estas moléculas de la degradación celular y prolonga
drásticamente su semivida en el organismo.
Biotransformación y modificaciones estructurales
A diferencia de los fármacos
clásicos, los biológicos no se metabolizan a través del citocromo P450 hepático
para formar metabolitos hidrosolubles. En su lugar, sufren diversas
transformaciones químicas celulares que alteran profundamente su comportamiento
en la sangre:
- Glicosilación: Es la modificación
estructural más relevante. El perfil de azúcares (glicosilación) adherido
al anticuerpo determina su destino final. Los compuestos altamente
glicosilados son reconocidos y eliminados rápidamente de la circulación
sistémica al unirse al receptor de asialoglicoproteína en el hígado o al
receptor de manosa, el cual es muy abundante en las células del sistema
inmunitario.
- Alteraciones de la carga neta: Las
reacciones químicas continuas en el cuerpo, como la oxidación, alteran el
comportamiento de estas moléculas y modifican permanentemente sus
propiedades farmacocinéticas.